reconoce sus orígenes

Las primeras víctimas de la ley universitaria

Reemplazar a los maestros va más allá del papel.

Publicado: 2016-07-12

Hace un tiempo El Comercio publicó un artículo donde mencionaba las carencias de la Ley Universitaria donde quedaba claro que mucha parte de la aplicación de la ley estaba planteada de manera tal que perjudicaba más que ayudaba. De igual manera en este blog expuse las razones por las que la ley tenía que ser perfeccionada antes de su aplicación. Algunos defensores de la ley discutieron sobre su conveniencia mientras que, mi planteamiento, es que la ley mezcla lo político con lo docente y eso ha creado un problema.  

Por un lado, tenemos todo el tema de la elección de autoridades que siempre ha sido un gran problema, sobre todo por lo económico y los suculentos sueldos que algunas autoridades tienen. Por otro lado, tenemos la estandarización de la educación en término de grados y títulos que es un tremendo error por los parámetros que se establecen, tema que ya expuse en el artículo anterior citado al final de este.

El profesor Edgardo con sesenta y ocho años a cuestas ha dedicado su vida a enseñar matemáticas. Ha pasado por colegios nacionales, privados, limeños y provincianos. Ha pasado por universidades privadas, nacionales, limeñas y provincianas. Ha pasado por institutos, academias y hasta clases particulares. Tiene, léalo bien, cincuenta años enseñando desde matemática escolar hasta Cálculo IV. Pues resulta que Edgardo ya no podrá enseñar pues no tiene una maestría.

La maestría, como espíritu del grado, tiene como objetivo especializar a un profesional en un aspecto de su carrera. Se supone que es un grado que complementa y certifica la experiencia profesional. Mal, se supone, hace un profesional en seguir una maestría inmediatamente después de graduarse pues, se supone, va a elegir la especialización en base a su experiencia en el campo. Por supuesto hoy en día se ha convertido en un mero trámite profesional y tenemos MBAs graduados con veinticinco años con dos años de experiencia profesional y sin tener mucha idea de qué va la maestría. Muchas maestrías se han convertido en una palanca para aspirar a mejores puestos y no en la especialización basada en la experiencia que se supone debería ser. Edgardo con sesenta y ocho años, dos hijos y cincuenta años de experiencia no es un especialista en su materia. Le falta un curso de dos años que certifique los cincuenta que lleva a la espalda.

El profesor Alonso no es un profesor cualquiera. Alonso es una de las instituciones del teatro y la dramaturgia en el Perú. Ni siquiera necesito poner su apellido y a todos los que conocen algo de cine, teatro o televisión les resonará el personaje en el cerebro. Reconocido maestro que ha formado a otros maestros y ha vivido una vida de creación teatral: dirige, actúa, escribe, enseña, forma, construye y cuestiona.

Según Wikipedia estos son sus estudios más conocidos:

-Estudió en Lima en el Colegio Markham

-Arquitectura en la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI).

-Ganó una beca Fulbright y asistió a la Universidad de Yale, en la cual obtuvo los grados de Bachiller en Arte (B.A. 1964) y Master of Fine Arts en Dramaturgia y Literatura Dramática (1966) con estudios especiales de Dirección de Escena (1967). Ha sido alumno de Reynaldo D'Amore, Luis Álvarez, Nikos Psacharopoulos, John Gassner y Joseph Papp.

-Fue fundador y Director/Productor del Teatro Nacional Popular (1971-78) y catedrático de teatro y literaturas dramáticas en tres universidades de los Estados Unidos (1969-71 y 1979-87).

Entre sus principales alumnos se cuentan los dramaturgos peruanos Mariana de Althaus, César de María, Eduardo Adrianzén, Claudia Sacha, Gonzalo Rodríguez Risco, Daniel Amaru Silva, Patricia Romero, Luis León y Giuseppe Albatrino, todos ellos con obras montadas y publicadas.

Pues bien, hoy me entero que este docente no puede dictar más en la PUCP. Resulta que a sus setenta y cinco años (a dos días de setenta y seis) este dramaturgo tiene que pasar por el proceso de la SUNEDU para que la SUNEDU valide a Yale. Asombroso ¿verdad?

Definitivamente la ley tendría que normar y validar la experiencia de los docentes mucho más que los trámites de homologación o de titulación. Personas de este nivel de experiencia no pueden ser sometidos a normas y trámites sin sentido cuando ellos, en realidad, son los que deberían dictar en los más altos niveles académicos. No hay título o trámite que valga más que la experiencia reconocida y ganada y la verdad es que en el Perú no tenemos suficientes profesionales de nivel como para andar dejando ir a los mejores en favor de unos papeles.

Artículo original de El Comercio

Post Original de este blog


Escrito por

daso (Daniel Subauste)

Mulero convertido


Publicado en

Rincón del Insomnio

Un pequeño rincón donde se escriben ideas trasnochadas de noches sin poder dormir.