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¿Qué significa ahora ser peruano?

Una mirada hacia atrás

“Tengo el orgullo de ser peruano y soy feliz”

Manuel Raygada

Publicado: 2021-06-27

Es por la incómoda coincidencia de un recuerdo que trajo Facebook para inquietar mi muro, al mismo momento exacto, en que sonaba en una radio de vetustos éxitos, una canción criolla muy conocida de la que se me había ido el nombre, que llegó a mi mente la pregunta ¿Ahora qué significa ser peruano? Luego de mucho tiempo tratando de encontrar una respuesta personal que sirva como pretexto para seguir con mis labores, me encontré recordando qué era lo que en los últimos años nos había llevado a muchos a sentirnos bien peruanos.

¿Cuántos años han pasado desde que pensamos que ser peruano era defender el pisco? Recuerdo algún llamado patriótico nombrando a Grau y a Bolognesi que clamaba por patrióticos “clicks” en una web para demostrar que el pisco era peruano y que Chile era el enemigo. Tengo en la mente vaporosos recuerdos de decenas de reportajes donde varios señores de apellidos rimbombantes lideraban la vanguardia del ataque al sur llevando el pisco en alto, montando sobre un bravo corcel. Muchos creímos entonces que votar por el pisco y declarar el Día del Pisco Sour era construir patria. Había que beber y reír para construir el Perú. Ahora que estamos partidos en dos, opuestos contra nosotros mismos, ahora cuando hablamos de atacar con machete y responder con sable en defensa del Perú, esta vez contra los propios peruanos, me pregunto si un pisco bastará para amistarnos.

Soy consciente de que no será de buen gusto mencionarlo y, posiblemente, será denostada esta idea que me persigue, pero siento que me pasé años hipnotizado como el más tullido de los lobotomizados defendiendo que la comida peruana era el orgullo nacional. La comida peruana era lo que nos hermanaba en las tres regiones, era lo que nos unía. Ingredientes de zonas remotas pero peruanas, la defensa en el exterior de que éramos mejores cocinando que los mexicanos, el ceviche solo existía en el Perú y la maldición del Señor de Sipán caiga sobre el que no lo acepte. No diré que hubo mala intención en la idea y creo que los impulsadores del llamado “boom culinario” lo hicieron con buena intención. Lamentablemente siento que me creí el cuento que pagar 70 soles por un lomo saltado, en lugar de los 10 soles que se pagaba por él en el menú especial en el restaurante frente a la universidad, era señal de progreso. Que hacer treinta minutos de cola en Mistura por un miniplato de ceviche de 25 soles era apoyar la mejora del país, porque los agricultores de esos productos oriundos, por los que bloqueamos los malignos transgénicos, se iban a volver clase media. Ahora que veo a la gente llegando a Lima con pancartas reclamando bienestar y no con tamales o sopaseca y a los limeños recibiéndolos como enemigos con racismo y clasismo y no con un ceviche, me pregunto si realmente la comida nos hermanaba como nos vendieron y si era el vehículo de progreso que nos pintaron ¿dónde está el país de cocineros felices donde todos comían y bebían y era una fiesta eterna? Parece que son pocos los que han llegado al postre.

Miro a mi alrededor y veo muchas personas preguntándose: ¿por qué están tan molestos si acabamos de ir a un mundial? Nos creímos que ser la mejor hinchada del mundo nos hacía hermanos a todos y ahora, convertidos en dos barras bravas, estamos dispuestos a golpear al otro, al que hace no mucho abrazábamos en goles de humo, con los que juntos seguíamos a un capitán de cartón que nos llevaba a la peruanidad absoluta: llegar a Rusia ¿Recuerdan qué hermanos éramos en la Plaza Roja?

Lamentablemente, al igual que 1821, se repite la pregunta que no nos hemos podido responder en doscientos años: ¿Qué significa realmente ser peruano? Está claro que el pisco, el ceviche y el fútbol no eran la respuesta.


Escrito por

daso (Daniel Subauste)

Mulero convertido


Publicado en

Rincón del Insomnio

Un pequeño rincón donde se escriben ideas trasnochadas de noches sin poder dormir.