primer round

Taurochévere

Alfredo Barnechea y la Tauromaquia. 

Publicado: 2016-03-13

Ahora que Alfredo Barnechea viene subiendo en las encuestas el público le presta un poco más de atención a su persona. Uno de los temas que más a saltado es su profundo amor por los toros. Una persona me manda esta foto como demostración de su conducta taurina. Lamentablemente ni siquiera puedo estar seguro de que sea Alfredo Barnechea el de la foto pero es muy posible que sí. Nunca ha ocultado su amor por la corrida de toros.  

Creo que el enfoque que le damos al tema de las corridas de toros tiene un punto de partida equivocado. Por ejemplo yo soy un comedor de carne. He intentado sentir pena por los pollos cuando estoy frente a un pollo a la brasa, he intentado sentir pena por la vaca cuando tengo un bife frente a mi pero nunca he podido evitar comerlo por convicción. Aun así el mal trato a los animales domésticos y el maltrato animal en general me molesta mucho. Esta aparente contradicción es muy común y se debe a la desanimalización del producto. Si tuvieras que cortar del cadáver de la vaca el pedazo de carne que te vas a comer tendríamos mucho más vegetarianos que ahora. Ni que decir si tuvieras que matarlo con tus propias manos.

El caso es que no soy un animalista de los que odian a los que comen carne ni tampoco un radical que quiere detener cualquier cosa que tenga que ver con la industria cárnica. Aun así creo que las corridas de toros deben desaparecer. Sin embargo el motivo es un punto de vista algo diferente.

Cuando he ido a Acho lo que he visto es un espectáculo bastante peculiar. La gente bebe vino en cantidades mayúsculas. Esto me llevó a preguntarme ¿cómo es que en los estadios no se vende cerveza pero en la plaza de toros sí se puede beber? Supongo que tiene que ver con el comportamiento de los asistentes. Lo interesante es que, los verdaderos taurinos, son muy pocos. La mayoría de gente va por un tema social y es que resulta que Acho "blanquea" y te acerca al sector A de los limeños. Gracioso fue que, conversando con un verdadero amante de los toros, este me contaba que las plazas de provincias y las ferias de provincias son desconocidas para casi el noventa por ciento de Acho y que la mayoría de asistentes solamente saben gritar "ole". Las personas que son capaces de nombrar los pases y de determinar si estuvo bueno o no son contadas con los dedos.

Efectivamente mucha de la gente anda bebiendo y con la mirada perdida mientras que, unos pocos conocedores, si observan todo lo que ocurre en el ruedo con impresionante sapiencia y de forma muy memoriosa con corridas anteriores.

De pronto veo niños. Ellos están entre asombrados, asustados y sobre excitados por todo lo que está a punto de pasar. De pronto sale el toro. Hay el tema de los picadores, banderilleros y finalmente el “mataor”. Extrañamente gran parte de los asistentes comienza a usar términos y a hablar como verdaderos herederos de la madre patria: “pásame la bota”. Lo interesante es que la bota y la pose no existen fuera de Acho. Incluso algún amigo me resultó irreconocible conocedor del buen vino cuando en algo de veinte años siempre lo he visto tomar cerveza.

Finalmente descubrí el núcleo del espectáculo: resulta que no es el toro el protagonista sino las personas que enfrentan al toro. La emoción de las personas está en que el banderillero, el matador y hasta el picador pueden morir. Es por eso que creo que las corridas no deben existir. Es un espectáculo donde el poner personas en peligro de muerte es el espectáculo. Se supone que, constitucionalmente, la vida de las personas está por sobre todos los otros derechos y leyes. Entonces no comprendo cómo es que puede haber un espectáculo donde se ponga a personas a un peligro de muerte sin ninguna seguridad y se pague por ello.

Asombrado miraba como los únicos que comprendían lo que estaba pasando eran los niños. La tensión durante la interactuación de los humanos con el toro era inigualable y sus rostros de asombro y horror con la muerte y el arrastre del animal muerto dejaban claro que eran los únicos que tenían claro lo que ahí pasaba. Los adultos gritaban eufóricos, algunos borrachos, para botar la tensión. Cada “ole” era un grito botando la adrenalina de ver a un hombre frente a la muerte.

Creo por eso que hemos enfocado mal el tema de las corridas de toros. A los que debemos cuidar no son a los toros de lidia que igual va a terminar en un plato de carne, sino a las personas que arriesgan su vida a cambio de dinero. ¿No es cierto que si trato de matarme estoy cometiendo una falta e incluso puede ser un delito? Entonces ¿por qué la sociedad permite poner en peligro la vida de personas que pueden ser muertas de una forma brutal y delante de niños?

Aquí es donde cambio la pregunta ¿está bien un candidato que permite que personas pongan su vida en peligro para su diversión? A mí, la verdad, el toro me da un poco de pena pero no creo que sea quien debe ser protegido de su propia brutalidad. 


Escrito por

daso (Daniel Subauste)

Mulero convertido


Publicado en

Rincón del Insomnio

Un pequeño rincón donde se escriben ideas trasnochadas de noches sin poder dormir.